Psicologa social, psicologo, asistencia psicologica
Psicologia de la Maternidad
Psicologa Social Maria Mondelli - Autora
El desafío de la maternidad
Mientras permanecemos en el espacio del trabajo, el de la sociedad, el espacio público, las mujeres estamos en el mundo, nos movemos y respondemos a él y en él. Sin embargo cuando tomamos la función materna, caemos en un cono invisibilizado al que socialmente todo se le pide, del que todo se espera, y al que poco -muy poco- se le da.
La experiencia de la maternidad -y también la de la paternidad por cierto, pero hoy hablaremos de la función materna- es la (me animo a decir) única situación humana en la que tenemos que llegar a ser capaces de darle a otro el primer lugar en nuestra vida porque si, a cambio de nada, y gozar con esa propia postergación. La única en la que nos ponemos en cuerpo y alma al servicio de otro, y eso nos puede hacer más grandes, más enteras, más íntegras.
Sin embargo, la función materna no está socialmente valorada. Casi todo lo contrario. Poner a los hijos en primer lugar en nuestras vidas es visto como algo disvalioso, sobre todo entre las pares. Y esto repercute en la vida de las mujeres, pero sobre todo en la de nuestros hijos e hijas.
Una mujer que antes tenía un hijo piel de judas (*), hoy tiene un hijo con Síndrome de Déficit de Atención. Aquella tenía el trabajo de convencerlo que se quedara sentado en la mesa o haciendo
La madre de un niño o niña que antaño necesitaba más tiempo para aprender, le estaba encima o lo mandaba a la maestra particular del barrio después de servirle
La crianza es un espacio de soledad, sin prestigio social, un espacio que oculta a la sociedad sus propias necesidades (¿o en el que oculta la sociedad sus propias necesidades?) : Que a los seis meses duerma toda la noche sino algo no funciona y ya no nos dejan llegar tarde al trabajo; que a los 10 se duerma solo que la pareja también necesita tener su espacio (y mas exigencia); que a los 3 años pida pis sino no lo aceptan en el jardín de infantes; que a los seis años ya haya aprendido a quedarse sentado en la escuela sino llévalo al neurólogo y lo medicamos; que a los siete escriba en cursiva sino tiene un problema motriz, que . puffff. a-go-ta-dor. Todas esas metas que se esperan del niño y la niña en el mundo del afuera, son un carga para su vida y para la de una mujer que vive en la más absoluta invisibilidad social y soledad las exigencias de su rol materno. Ella, que tan bien se desenvuelve en su profesión, en la política, en la sociedad, cuando llega a casa y se encuentra con su hijo, se siente superada y sólo espera poder volver a salir al mundo. Y rápido!.
Este "desprestigio" social que tiene el rol materno, esta incomprensión de las necesidades de los niños, las niñas, y sus madres, nos oculta a las mujeres que lo somos, en nuestras propias necesidades. El problema mayor de esta invisibilización, es que nosotras también nos ocultamos a nuestra propia mirada, nuestras necesidades como mujer criando. La idea de ser sólo en el mundo del afuera, a muchas mujeres les genera casi un sentimiento pudoroso respecto de sus necesidades de protección y cuidado, como criadora de un niño o niña.
Nuestras propias carencias en la niñez, nuestros propios amparos no recibidos (ni en la niñez, ni hoy en la adultez de parte de una comunidad que acompañe la función materna) nos deja a muchas mujeres inundadas en la demanda masiva del niño, e imposibilitadas de un dar genuino, imprescindible. En la inmediatez de "darle (o no darle) todo lo que pide", quedamos imposibilitadas de interpretar lo que piden realmente, de darles a los niños y las niñas lo que ellos necesitan para crecer, de nutrirlos emocionalmente, de proveerlos, de responder a sus demandas vitales.
Del desnutrido emocional, a la medicalización de la conducta infantil.
De la medicalización de la conducta infantil, a la adicción adolescente.
De la adicción adolescente, a la violencia del joven.
De la violencia del joven, a la insatisfacción del adulto.
De la insatisfacción del adulto, a otra próxima generación desnutrida emocional y medicalizada.
Un proceso circular signado por el sufrimiento de los niños y las niñas, y de tantas mujeres que sienten que "ya no pueden" con la maternidad y el mundo. todo a la vez.
Alrededor de esta invisibilización de la maternidad, se arma todo un andamiaje teórico-conspirativo respecto de la niñez : no están enfermos y sin embargo hay que medicarlos; "nos tomaron el tiempo" y hay que "ponerle límites". En definitiva, la cuestión parece centrarse en no escuchar qué nos dicen los chicos a través de sus conductas. Escuchar lo que nos dicen los chicos, nos llevaría invariablemente a enfrentarnos a nuestras propias demandas no escuchadas, no satisfechas. Y esto se nos hace intolerable, sordo, sórdido . porque no hay donde reclamar que nos den lo que nos corresponde recibir para esta antiquísima función social : criar niños.
La pregunta sería cómo insertar la maternidad en el mundo del afuera y en nuestro mundo interior. Esto que hoy parece naturalizado como trabajar, ocupar espacios sociales, políticos, para nuestras abuelas no lo fue. Se trata de una conquista ya indiscutida.
Ahora llega el tiempo de empezar a preguntarnos cómo entrar y salir del mundo del afuera por un lado y de la satisfacción de las necesidades primarias, elementales del niño, por el otro. Cómo establecer un canal, un ida y vuelta que no sea un tironeo, sino la capacidad de circular entre distintos mundos, entre dos esferas, capacidad que parece que aún no hemos ganado satisfactoriamente. Una madre no alcanza, una madre y un padre no alcanzan, nutrir emocionalmente a los niños es un trabajo de la comunidad, y desde allí también tiene que venir
¿Cómo circular entonces entre estas dos esferas del mundo, dando prioridad a las necesidades del niño que está estructurando una respuesta a su desamparo primordial, cuando aún nosotras no hemos podido resolver nuestros propios desamparos?. Este es, me parece, el desafío de la maternidad hoy.
(*) de paso y por si no sabes qué es un "piel de judas", un poco de buena literatura : cuento La Piel de Judas, de Juan José Panno http://bit.ly/a2LCdn
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